martes, 30 de julio de 2013


y quien me salvara entonces de ese mar de miradas, de esa multitud de ojos que se posan sobre mí, buscando entre grises espero encontrar un color, un sonido, una sonrisa, pero más espero una mirada que no ande perdida, tan solo te espero a ti, con vislumbres de almas perdidas entre mundos que ya no tienen solución, solamente te espero a ti, tal vez andes entre mares grises como el color de los cielos sin lluvia, o entre bosques oscuros que no dejan diferenciar el color del sol, y yo aquí leo un libro sin historia, bajo las nubes blancas que nunca perdieron lo que no tuvieron nunca, que envidia le tengo al sol, al viento de las mañanas, siento envidia de las hojas que se liberan de las ramas buscando su final, les envidio porque yo solo ando buscándote entre grises miradas pero nunca tengo en cuenta el arcoíris en que te encuentras, quizás ….se trata no de que te busque, si no de que me encuentres...?





... y cuando la lluvia cae las gotas reflejan el silencio de tu alma, llega entonces tu olor al chocar el cielo con el asfalto ennegrecido por los años, porque cada tic del reloj marca tu sonrisa en mis pensamientos, y cada tac se hace eterno en tu mirada, los cristales rotos de un vaso olvidado hacen fluir una lagrima de extrañez, pero no puedo entender las letras más allá de tu portada si no dejas ver las páginas que le siguen, háblame de historias nunca antes contadas, perdamos la noción de todo mientras el espacio se parte en dos, mientras me miras, mientras me sonríes mientras sigan cayendo las gotas, mientras sentado en lo alto de la colina aun podamos divisar el atardecer... tan solo quédate a mi lado mientras aun sople el viento, sostén mi mano para que este no me lleve…



 
Miré hacia el cielo buscando la luna, pero la noche ya se había ido, dejó entonces un sol que enceguecía mis más sombríos pensamientos, parado en medio de la luz me sentía perdido a la vez que aliviado, el fondo azul que hacía de lienzo me tranquilizo, ahí estaba yo, un hombre de cuevas y oscuridades, mirando por primera vez, oliendo por primera vez, quizás viviendo por primera vez.





Porque aún recuerdo como si un mañana
 se hubiese llevado el ayer
 y tu mirada estática en el tiempo
 ignora el pasar de los días,
eterna en tu mirada das calma al destino
 mientras que yo te miro
 desde fuera del reloj.

Pareces mentira en un tic tac constante
y el caer de las hojas solo embellece tu voz
una sonrisa basta para que cese la lluvia
un vago saludo adormece el sol.

Ojos grandes de esmeralda
 que iluminas mis pensamientos
ya la noche cae dando paso al olvido
dormir es olvidarte por un oscuro instante
y aunque mi existencia es vaga si miras hacia la luna,
y las estrellas distraen tu caminar
recordaras un día mirar hacia afuera
entonces por fin te podre saludar.





Encerrado entre personas, las cuatro paredes formadas por inexpresivos rostros atormentan mis sueños, y la angustia atormenta mi soledad eterna. Puede caer la noche sin estrellas, puede sumergirse el mundo en mi oscuridad, y mi mente en negra desolación espera el pasar de los grises días de mi alma, me he cansado de sostener la falsa sonrisa del mundo,  las lágrimas inundan pensamientos de abandono, seres individuales arrastrados por el odio, descolorida realidad que me rodea, pinta en sepias las flores del olvido y mirar una meta imposible, donde las ideas mueren con el pasar del viento. Solo puedo resignarme a restregar mis ojos con tristes ilusiones, dejando que la suciedad perfore mis entrañas, ir barriendo mi propia felicidad, con el recuerdo de un eco silencioso que atormenta mi caminar.


Y me quedé esperando, pasó el tiempo, la lluvia y los sueños, se fueron los días como hojas de un árbol sin fin, y esperé, esperé a conocerte pero nunca llegaste, y una silueta sin rostro me sonríe en mi eterna soledad, donde los cielos lloran cada atardecer, cada anochecer, cada instante, cada hoja que cae. Ya murieron las esperanzas multicolores y me quede esperando mientras una gris ventisca arropaba mi tristeza, y dejé de esperarte, comencé a buscarte pero tampoco te encontré. Ahora sonrío porque aquel árbol sin hojas me ha mostrado que las cosas como tú no existen, que la vida es pasajera y que los caminos se recorren en soledad, ahora sonrío porque te esperé y no llegaste, sonrío porque te busqué y no te encontré, sonrío porque el tiempo pasa y los recuerdos pesan, y porque aunque te espere eternamente las hojas de aquel árbol no dejaran de caer...



viernes, 31 de mayo de 2013


Una pequeña historia

Cuando llegué a mi destino, él fue la primera persona que me saludó, me parecía raro que alguien me conociera en esta podrida ciudad a la que me había trasladado. Me saludó con tanta empatía que parecía conocerme de toda la vida: “Buenos días señor Thompson, me han enviado por usted de parte del periódico”; ese tono de vos me recordaba mi antigua ciudad, aunque sabía que era diferente esta ciudad no mostraba ese afán continuo que poseen las grandes ciudades, en parte ese fue un motivo para que decidiera aceptar venir a esta ciudad,
Cansado ya de la cotidianidad, al escuchar hablar de esta ciudad,  en un principio cantidad de locuras pasaron por mi cabeza, la simple existencia de ésta me parecía tan absurda que hasta reírme me parecía innecesario, para quienes hayan leído mis escritos sabrán que pensándolo de cierta forma esta ciudad se adaptaba a mi manera de escribir, podría definírsele como la ciudad estancada en el tiempo, donde a las personas el dinero les importa poco porque realmente nadie lo tiene,. Acepté el trabajo no solo por el dinero, sino que así huiría de esa sociedad consumista que atormentaba mis días. Nunca había trabajado en un periódico, es cierto mi trabajo era escribir y aunque no sabía que tendría que escribir, yo un antes distinguido escritor, ahora pasaría a ser un simple hombre que trabajaba en un periódico.
La manera de vestir tan anticuada y elegante me causo gracia, por lo menos solo hasta que me informaron que yo también tendría que vestir igual; él  usaba un sombrero de copa color negro, un chaleco color verde oscuro y unos lentes grandes y redondos, sus zapatos relucían y además siempre llevaba consigo un bastón con empuñadura plateada,
Me dirigí hacia el departamento que había rentado antes de venir por una módica y absurda suma, no era un lugar muy acogedor, pero en mis planes no estaba el quedarme demasiado tiempo. Desempaque mi equipaje y me dirigí hacia el periódico, allí conocí a mi jefe, era un hombre bonachón, realmente simpático, para mi primer trabajo debía de  escribir acerca de una serie de asesinatos que habían estado ocurriendo últimamente, me extrañe de esto, ya que si uno miraba a simple vista a las personas, dudaba mucho que entre esas amplias sonrisas existiera un asesino, me dispuse entonces a averiguar  dichos sucesos y cumplir mi cometido lo más rápido posible.
Me dirigí a un parque que quedaba cerca donde había ocurrido la última muerte, preguntando y luego de estar vagando un rato por las calles conseguí llegar, el parque no era bonito ni de buena imagen, mas bien parecía un lugar donde se reunían los mendigos a contar el dinero que habían recolectado en el día, me puse a investigar acerca de extraño suceso, luego de haber retratado la escena,  pero al parecer todos pretendían no saber nada, sin poder conseguir lo que buscaba me disponía a irme, cuando le vi, tan misterioso como lo recordaba de aquella vez en la estación, dentro de mí no podía dejar de pensar en aquella misteriosa presencia, esa aura de misterio que emanaba me carcomía la curiosidad, realmente no sabría explicarlo, me dispuse a seguirlo, pero tras andar sigilosamente espiándolo durante algunas horas y haber caminado por casi toda la ciudad, lo perdí de vista, ¡que infortunio!.
Así pasaron los días de ir a hacer trabajos para el periódico, poco a poco comencé a adaptarme a la ciudad, mi trabajo era agotador, tenia diariamente pesadillas, y en las mañanas me despertaba cansado, además pensaba demasiado en aquel hombre, siempre que debía hacer un trabajo, allí estaba él, era algo que no faltaba nunca, empecé a sospechar que quizás los acontecimientos extraños  estuviesen ligados a su presencia, pero luego caía en cuenta de lo absurdo que sonaba incluso dentro de mi cabeza, ni siquiera sabía quién era, su nombre o a que se dedicaba, también lo veía algunas veces en el periódico aunque nunca se quedaba demasiado tiempo; no es que me disgustase le vida en la ciudad, realmente era agradable, mi inconformidad no estaba ligada siquiera a los asesinatos, simplemente el pensar en el me revolvía los pensamientos, no es algo explicable solo era una sensación extraña.   . Que aburrido se hacia el pasar de los días, una o dos muertes diarias, y allí debía estar yo, por otro lado la ciudad no era muy diferente a las demás, salvo por estar estancada en la tecnología, se podía encontrar todas las demás cosas que uno podría encontrarse en una cuidad común, pero claro esta no era una ciudad común y todas las personas y logares emanaban un aire de locura.
Llegue a pensar que los asesinatos eran en parte graciosos, quizás el estar tanto tiempo en la ciudad me estaba haciendo perder la cordura, la locura se me habría contagiado en algún rincón oscuro.
Las muertes seguían día a día, y allí donde yo debía ir para averiguar los sucesos.. Una noche cuando ya había terminado mi trabajo me dirigí a la taberna donde algunas noches atrás comencé a frecuentar, me senté en la mesa del rincón, en ese momento parecía haber una calma inusual, aunque sabia que pocas horas más tarde el ambiente seria diferente, mas pesado y lleno de borrachos peleando, por el momento la música jazz inundaba el lugar y podía escucharse el murmullo de las personas que hablaban y reían, en ese instante él entro por la puerta principal, ya me había acostumbrado a verlo así que lo ignore y me dedique a mis vagos pensamientos, de pronto sentí que alguien me hablaba, levante la cabeza le vi, me preguntó si podía sentarse en mi mesa, -“no hay problema” le dije; aunque en un principio confié en la mala fama de la ciudad, pronto me di cuenta de que esos eran solo rumores y que las personas que allí habitaban solo se habían asilado del mundo buscando la tranquilidad en sus vidas e intentando corregir sus errores.
 -nos encontramos nuevamente señor Thompson, últimamente lo he visto mucho en lugares relacionados con las muertes, aunque imagino que se debe a su trabajo a fin de cuentas eso no era de lo que quería hablar con usted, dígame señor Thompson no piensa usted que las muertes que han ocurrido recientemente son algo extrañas, , pero mas que extrañas me parecen ¿casuales?, piénselo bien míster, ¿porqué gente que había venido a la ciudad buscando un lugar pacifico y que vivían tan normalmente, resultan muertas diariamente?, yo personalmente lo noto algo extraño, he recorrido la ciudad en busca de pistas y aunque ninguna me lleva a algo concreto mi principal sospechoso seria usted, un hombre que llegó por una razón diferente. Lo pensé un rato, me quedé mirándolo  hasta que por fin pude reaccionar, -no podía creer que ahí estaba ese hombre acusándome de ser un asesino; tome mi abrigo y mi sombrero y me fui lleno de rabia de la taberna, él me observó hasta que Salí por la puerta principal; a las pocas cuadras de haber caminado caí en cuenta de lo infantil de mi comportamiento aunque la rabia aun recorría mi cuerpo me puse a recapitular lo sucedido, ¿pero cómo podía estar tan loco ese hombre para decir que yo había matado esa cantidad de personas?, volví a mi departamento y me fui directamente a la cama, aun así esa noche no pude conciliar el sueño, sus palabras resonaban en mi cabeza, pensé toda la noche, miles de ideas pasaron por mi mente, incluso por momentos me parecía que ahora estaba soñando. Cuando ya había amanecido me arregle y me fui al trabajo sin haber dormido nada, con unas ojera tan grandes que se me podría confundir con otro de los muertos, al llegar a la oficina del periódico me dijeron que esa noche no había muerto nadie, así que me mandaron a la fábrica a entrevistar al gerente sobre un nuevo anticuado método de producción, aburrido trabajo pero que más podría hacer, como terminé rápido mi labor en la fabrica, disponía del resto del día, así que me fui a el departamento pensando que quizás pudiese dormir un poco, me recosté y en cuestión de segundos caí en un profundo sueño, soñaba que yo era el asesino y que en ese instante me encontraba apuñalando al simpático señor que vende relojes en la esquina de la taberna ese que saluda con una gran sonrisa diariamente, luego huía tan rápido como mis piernas me lo permitían y botaba el cuchillo en un contenedor de basura.
 me desperté sobresaltado por semejante pesadilla, mire el reloj y eran cerca de las ocho de la noche, todo ese tiempo había dormido y aun así me encontraba cansado, quizás por el mal sueño que tuve, así que me volví a dormir pensando que quizás ahora dormiría mejor, nuevamente el mismo sueño, el mismo hombre de los relojes me dispuse entonces a despertar siendo consiente de aquel espantoso sueño, luego de mucho esfuerzo logre volver a despertar solo que esta vez me desperté sosteniendo en mi mano derecha un cuchillo que goteaba sangre, junto a mi yacía muerto inundado en la sangre el simpático relojero, a mi lado estaba él,  lo escuché hablar, pero el aturdimiento no me permitió entenderle, me sobresalte y caí en cuenta de lo que estaba pasando,  giré mi cabeza para mirarlo, mientras en su rostro esbozaba una sonrisa maléfica me decía: “al parecer no estaba tan equivocado”, mi mente quedo en blanco, lo único que pude hacer en ese momento fue volver a dormir.

Daniel Rendón Botero