viernes, 31 de mayo de 2013


Una pequeña historia

Cuando llegué a mi destino, él fue la primera persona que me saludó, me parecía raro que alguien me conociera en esta podrida ciudad a la que me había trasladado. Me saludó con tanta empatía que parecía conocerme de toda la vida: “Buenos días señor Thompson, me han enviado por usted de parte del periódico”; ese tono de vos me recordaba mi antigua ciudad, aunque sabía que era diferente esta ciudad no mostraba ese afán continuo que poseen las grandes ciudades, en parte ese fue un motivo para que decidiera aceptar venir a esta ciudad,
Cansado ya de la cotidianidad, al escuchar hablar de esta ciudad,  en un principio cantidad de locuras pasaron por mi cabeza, la simple existencia de ésta me parecía tan absurda que hasta reírme me parecía innecesario, para quienes hayan leído mis escritos sabrán que pensándolo de cierta forma esta ciudad se adaptaba a mi manera de escribir, podría definírsele como la ciudad estancada en el tiempo, donde a las personas el dinero les importa poco porque realmente nadie lo tiene,. Acepté el trabajo no solo por el dinero, sino que así huiría de esa sociedad consumista que atormentaba mis días. Nunca había trabajado en un periódico, es cierto mi trabajo era escribir y aunque no sabía que tendría que escribir, yo un antes distinguido escritor, ahora pasaría a ser un simple hombre que trabajaba en un periódico.
La manera de vestir tan anticuada y elegante me causo gracia, por lo menos solo hasta que me informaron que yo también tendría que vestir igual; él  usaba un sombrero de copa color negro, un chaleco color verde oscuro y unos lentes grandes y redondos, sus zapatos relucían y además siempre llevaba consigo un bastón con empuñadura plateada,
Me dirigí hacia el departamento que había rentado antes de venir por una módica y absurda suma, no era un lugar muy acogedor, pero en mis planes no estaba el quedarme demasiado tiempo. Desempaque mi equipaje y me dirigí hacia el periódico, allí conocí a mi jefe, era un hombre bonachón, realmente simpático, para mi primer trabajo debía de  escribir acerca de una serie de asesinatos que habían estado ocurriendo últimamente, me extrañe de esto, ya que si uno miraba a simple vista a las personas, dudaba mucho que entre esas amplias sonrisas existiera un asesino, me dispuse entonces a averiguar  dichos sucesos y cumplir mi cometido lo más rápido posible.
Me dirigí a un parque que quedaba cerca donde había ocurrido la última muerte, preguntando y luego de estar vagando un rato por las calles conseguí llegar, el parque no era bonito ni de buena imagen, mas bien parecía un lugar donde se reunían los mendigos a contar el dinero que habían recolectado en el día, me puse a investigar acerca de extraño suceso, luego de haber retratado la escena,  pero al parecer todos pretendían no saber nada, sin poder conseguir lo que buscaba me disponía a irme, cuando le vi, tan misterioso como lo recordaba de aquella vez en la estación, dentro de mí no podía dejar de pensar en aquella misteriosa presencia, esa aura de misterio que emanaba me carcomía la curiosidad, realmente no sabría explicarlo, me dispuse a seguirlo, pero tras andar sigilosamente espiándolo durante algunas horas y haber caminado por casi toda la ciudad, lo perdí de vista, ¡que infortunio!.
Así pasaron los días de ir a hacer trabajos para el periódico, poco a poco comencé a adaptarme a la ciudad, mi trabajo era agotador, tenia diariamente pesadillas, y en las mañanas me despertaba cansado, además pensaba demasiado en aquel hombre, siempre que debía hacer un trabajo, allí estaba él, era algo que no faltaba nunca, empecé a sospechar que quizás los acontecimientos extraños  estuviesen ligados a su presencia, pero luego caía en cuenta de lo absurdo que sonaba incluso dentro de mi cabeza, ni siquiera sabía quién era, su nombre o a que se dedicaba, también lo veía algunas veces en el periódico aunque nunca se quedaba demasiado tiempo; no es que me disgustase le vida en la ciudad, realmente era agradable, mi inconformidad no estaba ligada siquiera a los asesinatos, simplemente el pensar en el me revolvía los pensamientos, no es algo explicable solo era una sensación extraña.   . Que aburrido se hacia el pasar de los días, una o dos muertes diarias, y allí debía estar yo, por otro lado la ciudad no era muy diferente a las demás, salvo por estar estancada en la tecnología, se podía encontrar todas las demás cosas que uno podría encontrarse en una cuidad común, pero claro esta no era una ciudad común y todas las personas y logares emanaban un aire de locura.
Llegue a pensar que los asesinatos eran en parte graciosos, quizás el estar tanto tiempo en la ciudad me estaba haciendo perder la cordura, la locura se me habría contagiado en algún rincón oscuro.
Las muertes seguían día a día, y allí donde yo debía ir para averiguar los sucesos.. Una noche cuando ya había terminado mi trabajo me dirigí a la taberna donde algunas noches atrás comencé a frecuentar, me senté en la mesa del rincón, en ese momento parecía haber una calma inusual, aunque sabia que pocas horas más tarde el ambiente seria diferente, mas pesado y lleno de borrachos peleando, por el momento la música jazz inundaba el lugar y podía escucharse el murmullo de las personas que hablaban y reían, en ese instante él entro por la puerta principal, ya me había acostumbrado a verlo así que lo ignore y me dedique a mis vagos pensamientos, de pronto sentí que alguien me hablaba, levante la cabeza le vi, me preguntó si podía sentarse en mi mesa, -“no hay problema” le dije; aunque en un principio confié en la mala fama de la ciudad, pronto me di cuenta de que esos eran solo rumores y que las personas que allí habitaban solo se habían asilado del mundo buscando la tranquilidad en sus vidas e intentando corregir sus errores.
 -nos encontramos nuevamente señor Thompson, últimamente lo he visto mucho en lugares relacionados con las muertes, aunque imagino que se debe a su trabajo a fin de cuentas eso no era de lo que quería hablar con usted, dígame señor Thompson no piensa usted que las muertes que han ocurrido recientemente son algo extrañas, , pero mas que extrañas me parecen ¿casuales?, piénselo bien míster, ¿porqué gente que había venido a la ciudad buscando un lugar pacifico y que vivían tan normalmente, resultan muertas diariamente?, yo personalmente lo noto algo extraño, he recorrido la ciudad en busca de pistas y aunque ninguna me lleva a algo concreto mi principal sospechoso seria usted, un hombre que llegó por una razón diferente. Lo pensé un rato, me quedé mirándolo  hasta que por fin pude reaccionar, -no podía creer que ahí estaba ese hombre acusándome de ser un asesino; tome mi abrigo y mi sombrero y me fui lleno de rabia de la taberna, él me observó hasta que Salí por la puerta principal; a las pocas cuadras de haber caminado caí en cuenta de lo infantil de mi comportamiento aunque la rabia aun recorría mi cuerpo me puse a recapitular lo sucedido, ¿pero cómo podía estar tan loco ese hombre para decir que yo había matado esa cantidad de personas?, volví a mi departamento y me fui directamente a la cama, aun así esa noche no pude conciliar el sueño, sus palabras resonaban en mi cabeza, pensé toda la noche, miles de ideas pasaron por mi mente, incluso por momentos me parecía que ahora estaba soñando. Cuando ya había amanecido me arregle y me fui al trabajo sin haber dormido nada, con unas ojera tan grandes que se me podría confundir con otro de los muertos, al llegar a la oficina del periódico me dijeron que esa noche no había muerto nadie, así que me mandaron a la fábrica a entrevistar al gerente sobre un nuevo anticuado método de producción, aburrido trabajo pero que más podría hacer, como terminé rápido mi labor en la fabrica, disponía del resto del día, así que me fui a el departamento pensando que quizás pudiese dormir un poco, me recosté y en cuestión de segundos caí en un profundo sueño, soñaba que yo era el asesino y que en ese instante me encontraba apuñalando al simpático señor que vende relojes en la esquina de la taberna ese que saluda con una gran sonrisa diariamente, luego huía tan rápido como mis piernas me lo permitían y botaba el cuchillo en un contenedor de basura.
 me desperté sobresaltado por semejante pesadilla, mire el reloj y eran cerca de las ocho de la noche, todo ese tiempo había dormido y aun así me encontraba cansado, quizás por el mal sueño que tuve, así que me volví a dormir pensando que quizás ahora dormiría mejor, nuevamente el mismo sueño, el mismo hombre de los relojes me dispuse entonces a despertar siendo consiente de aquel espantoso sueño, luego de mucho esfuerzo logre volver a despertar solo que esta vez me desperté sosteniendo en mi mano derecha un cuchillo que goteaba sangre, junto a mi yacía muerto inundado en la sangre el simpático relojero, a mi lado estaba él,  lo escuché hablar, pero el aturdimiento no me permitió entenderle, me sobresalte y caí en cuenta de lo que estaba pasando,  giré mi cabeza para mirarlo, mientras en su rostro esbozaba una sonrisa maléfica me decía: “al parecer no estaba tan equivocado”, mi mente quedo en blanco, lo único que pude hacer en ese momento fue volver a dormir.

Daniel Rendón Botero


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