Y yo, solo observo.
Fluye
el suelo por la sangre, al lado del cadáver, yace ahora inerte, la espada que
ha perdido su brillo; llora el viento el silencio de un triste pensamiento,
resuena cada gota de alma al dejarse caer sobre la espera. Casi podría cortar,
la densa oscuridad que habita en las palabras de bosques, que crecen con la angustia de una cruel realidad
y que ahora, hoja por hoja, caen; aun siguen cayendo las flores, una a una,
recuerdo a recuerdo. Muere la esperanza traicionada por la alegría, mientras la
observa morir la soledad y yo sentado junto a ella, observo desde afuera, miro
hacia dentro, vacío, oscuro. Ya nada queda ahora, solo seres que saltan sobre
soles, y ahí esta él, sentado junto a la soledad, observándome desde afuera,
sumergido en fragmentos de existencia y recuerdos de llantos, de una muerte que
desperdicia la vida entera, mientras la música grita cada vez mas bajo, mas
tenue, silencio; solo puede escucharse un hombre que cegado por la verdad,
repite palabra por palabra lo que ya estaba dicho en un comienzo, puedes ver
volar las almas, aletean hacia su perdición; el mundo ya no gira, solo se
desmorona sobre el universo; ya no puede el hombre caminar sin caerse, en una
sociedad donde levantarse ya no es posible. La pluma ya no escribe, el tintero
calla, el pergamino arde, la tinta se ha fugado a un mundo de silencio, pero el
dolor aun queda.
Daniel Rendón Botero.
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