viernes, 31 de mayo de 2013


Mientras adentro llueve, afuera es lunes.

Ahora llueve, y como casi todas las veces que llueve, el agua cae. Pequeñas gotas de recuerdos que danzan el aire, diminutos seres que provienen del cielo y que simplemente caen;  no siempre caen de la misma forma, por ejemplo en este instante, caen sobre el suelo, pero otras veces caen sobre la vida, en algunas ocasiones ni siquiera pretenden caer, pero aun así, caen. Hay gotas tristes, alegres y rosadas, algunas son del color de los ojos de los amantes, otras veces pintan el aire como un pincel sobre un lienzo. Pero aun así, no todas las veces llueve hacia abajo, recuerdo haber visto llover hacia el adiós, hacia sueños de infancias perdidas; pocas son las gotas que escapan de su destino desviándose hacia el basto océano. No todas las lluvias mojan, hay lluvias que calientan los corazones, lluvias que inspiran nostalgia al caminante, lluvias que secan las angustias, lluvias que inspiran más lluvia. Poco a poco cesa la lluvia y el ruido matutino que esta se había llevado vuelve nuevamente, suena diferente quizás porque es sábado, aunque estoy casi seguro de que hoy es lunes, pero eso solo lo saben las gotas, una que otra lo sabe, y  lo guarda como un secreto hasta el final que le espera en una esquina de aquella fría calle que recorre la ciudad entera,  fría, desolada, triste, inmutable. No es que espere mucho de una calle, todos saben que  no se puede esperar mucho de una calle, en especial de una en la que las gotas mueren, si no fuera una calle podría incluso odiarla, podría perderme en mi memoria, pero ahora ya no llueve.

Daniel Rendón Botero

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